El presidente Donald Trump emprendió una guerra buscando un cambio de régimen en Irán. Sin embargo, fue su propio control sobre Washington el que se desmoronó, ya que los votantes (cansados de la guerra y afectados por el vertiginoso aumento de los precios del combustible) otorgaron a los demócratas el control del Congreso.

Esto deja a un presidente debilitado ante la disyuntiva entre una salida negociada y una escalada más arriesgada.

En Teherán y entre sus aliados, el resultado fue interpretado de inmediato como un veredicto sobre el conflicto. Al otro lado del Golfo, los funcionarios se preguntaban qué rumbo tomaría Trump.

“Irán logró un cambio de régimen en Estados Unidos”, fue la primera reacción de una fuente cercana a un aliado de Estados Unidos en el Golfo. De acuerdo con esta fuente, los funcionarios de los Estados del Golfo quedaron atónitos y en silencio ante la magnitud de la victoria demócrata en las elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas el martes en Estados Unidos.

La guerra, que comenzó con ataques estadounidenses e israelíes el 28 de febrero, se extendió por toda la región cuando Teherán lanzó misiles y drones contra objetivos en el Golfo y contra buques en el estrecho de Ormuz, interrumpiendo el suministro mundial de energía. La campaña estadounidense-israelí causó graves daños a las capacidades militares de Irán, pero no logró un resultado decisivo, dejando sin resolver la cuestión del programa nuclear iraní.

Un Trump debilitado, que se enfrenta a un Congreso demócrata capaz de limitar sus opciones militares, tiene mayores incentivos para buscar un acuerdo, señalaron dos fuentes cercanas a los círculos gubernamentales del Golfo. Un ataque a gran escala contra Irán parece ahora menos probable, añadieron.

Nuevos ataques limitados contra instalaciones nucleares podrían ofrecer a Estados Unidos una forma de declarar que sus objetivos se cumplieron y poner fin al conflicto, mientras China intensifica sus esfuerzos para mediar en una solución.

No obstante, los analistas del Golfo advierten que un acuerdo que permita a Irán proclamar una victoria clara —y que deje a Trump en una posición de derrota— podría provocar tanto una conducta temeraria como una mayor contención.

El revés por parte del electorado estadounidense se produjo una semana después de que los votantes israelíes asestaran su propio golpe al otro artífice de la guerra: el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Su bloque de derecha obtuvo 53 de los 120 escaños de la Knéset en las elecciones del 27 de octubre —ocho menos de la mayoría necesaria—, lo que le obliga a luchar por mantenerse en el poder.

Dos líderes en apuros, cada uno con su futuro político cada vez más ligado al desenlace de la guerra, podrían llegar a ver la escalada no como un riesgo, sino como una salida a su difícil situación política. Tal cálculo puede ser irracional, pero no por ello menos peligroso.

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