A lo largo de la historia de la humanidad, los espectáculos públicos han sido una de las manifestaciones claves de la cultura popular. Desde el teatro griego, las danzas folclóricas asiáticas, hasta los enormes -y a veces grotescos- juegos romanos, estas expresiones se convierten en parte de la identidad de las audiencias que los consumían.

De acuerdo con publicación de Forbes México, en la actualidad la tecnología, el comercio y la hegemonía estadounidense han homologado las expresiones populares, con lo cual la música, la danza y varias expresiones pictóricas aparecen muy semejantes en distintos lugares del mundo. Desde los años sesenta se acuñó la sílaba “pop” para denominarlas y como muchas otras actividades humanas, han estado ligados a la actividad económica. Al respecto, estudios de Oxford Economics apuntan que, a escala global, por cada 100 dólares gastados en boletos de entrada a un concierto o evento público, las economías locales reciben unos 334 dólares adicionales. La cultura popular se vuelve algo más que una siempre expresión artística y se convierte en motor económico regional.

En cuanto algunos empresarios reconocieron esta realidad, fueron apareciendo las expresiones “a modo”, con grupos creados exprofeso por grandes televisoras y disqueras, hechos a la medida de las audiencias: chicas y muchachos escogidos en primer lugar por su apariencia física y carisma, a quienes les enseñaban a vestirse y a peinarse de determinada manera; que cantaban y bailaban canciones sencillas, simplonas, de fácil memoria y agradable rítmica, que pronto eran adoptados de forma masiva ya no sólo en su localidad sino en regiones distantes.

Buena parte del éxito de estos grupos consistía en que contaban con estética y coreografía vistosas, fáciles de imitar por los jóvenes. En México recordamos grupos que venían de España, como Parchís, y los que surgieron en México, como Timbiriche. Esa música, que originalmente para niños, después llegó a las fiestas adolescentes y luego a las bodas de aquellos chicos. Ahora experimentan un regreso interesante, cuando sus oyentes originales ya se encuentran en plena madurez, debido a que nuevas generaciones los han adoptado.

En la actualidad el K-pop toma esa lógica artística y la lleva a un nivel de perfección extraordinario, casi diríamos “industrial nivel six-sigma”. Los coreanos tienen una obsesión cultural por el detalle y la excelencia. Eso puede verse claramente en sus videos y espectáculos. Los efectos especiales, el maquillaje, el vestuario y la sincronización no admiten errores. Cada elemento está cuidadosamente diseñado. Los integrantes de los grupos musicales pasan décadas ensayando y perfeccionándose, para lograr una criba del talento más preciso posible.

No se trata únicamente de música. Es una experiencia estética total. El artista no sólo canta: Representa una filosofía visual y emocional completa. Esa búsqueda de perfección refleja también el momento histórico que viven algunas regiones emergentes en Asia. Dicho preciosismo en la confección de música y espectáculo le han permitido permear en todo el mundo y, entre otras expresiones, lograr la película más exitosa de la plataforma Netflix en años recientes: “K-pop demon hunters”, es a la vez producto y reflejo de la realidad del negocio musical hoy día.

En México, durante el 2025 la industria del espectáculo generó ingresos por más de 68 mil millones de pesos. El crecimiento de esta actividad fue de 3.2% durante el año anterior, lo que representó más del doble de lo que avanzó el Producto Interno Bruto durante ese periodo. De acuerdo con datos del sector, México ocupa ya el tercer lugar mundial en la presentación de espectáculos musicales en vivo pues no depende únicamente de las giras de artistas populares nacionales o extranjeros, sino que ha establecido foros como el Vive Latino y el Corona Capital, que dictan agenda cultural y representan un impulso para negocios asociados a esta industria.

El debate interminable sobre si la música popular es digna de ser escuchada o no, quizá en el fondo enmascara un dilema más fuerte: si es industria o arte. Movimiento económico diseñado para las masas, o expresión real de los pueblos que las disfrutan.

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