¿De qué trata realmente la marcha convocada para este domingo en Tulum?

En distintos grupos de WhatsApp y redes sociales ha circulado durante los últimos días una convocatoria para marchar este domingo 3 de marzo en Tulum, en protesta por el supuesto cobro para acceder a las playas aledañas al Parque del Jaguar.

La inconformidad es comprensible, pero parte de una confusión importante: Entrar a la playa NO tiene ningún costo. Las diferentes entradas del parque permiten el acceso libre y gratuito al mar, sin excepción.

Ante los señalamientos que han circulado en su contra, Grupo Mundo Maya ha reiterado en múltiples ocasiones que el acceso a las playas es totalmente libre. No cobran entrada, no restringen el paso.

Entonces, ¿De qué cobros habla la gente o porque se genera la confusión?

Lo que sí tiene costo son dos conceptos distintos que conviven en el mismo corredor y que es importante no confundir.

Primero, el área natural protegida tiene una cuota establecida por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), conforme a la Ley Federal de Derechos.

Y segundo, la zona arqueológica de Tulum tiene su propia tarifa determinada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que fija los costos de acceso según la categoría e importancia de cada sitio a nivel nacional.

Por lo cual Grupo Mundo Maya no interviene en ninguna de esas decisiones tarifarias.

¿PARA QUÉ SIRVE ESE DINERO?

Lejos de ser cobros arbitrarios, estas cuotas tienen un propósito claro. Las aportaciones que recibe la Conanp sirven para proteger los ecosistemas y ayuda a que ese entorno natural siga en pie son, de hecho, la principal herramienta del país para conservar la biodiversidad y enfrentar los efectos del cambio climático.

En el caso del INAH, los recursos buscan sostener la investigación, restauración y conservación del patrimonio arqueológico que, en el caso de Tulum, tiene un valor histórico y cultural de alcance mundial.

EL ORIGEN DEL MALENTENDIDO

La confusión tiene una explicación sencilla: En un mismo corredor conviven cobros o cuotas que corresponden a sentidos diferentes.

El visitante llega, ve una tarifa y asocia el cargo con el operador más visible del área. Esa percepción, aunque entendible, no corresponde a la realidad.

Conocer esa diferencia no invalida ninguna inconformidad legítima que pueda existir, pero sí ayuda a dirigirla hacia donde corresponde y a no sumarse a una protesta construida sobre un malentendido.

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