En esta semana que concluye se evidenció la importancia de los medios de difusión en la comunicación de crisis sanitarias y prevención ante fenómenos naturales, ya que al difundir información no verificada generaron no sólo confusión sino también histeria social, ambas controladas por la intervención inmediata de las autoridades antes de que desencadenaran situaciones como las que se registraron en 2009 con la Influencia A H1N1, cuyo desenlace fue la caída de mercados y la desaceleración económica.

El martes 28 de febrero algunos medios de comunicación en Quintana Roo difundieron una “alerta por tsunami” en las cosas del estado, como efecto del sismo que se registró ese día en Jamaica y Cuba. Como reacción, las personas empezaron a mostrar ansiedad en las mismas redes y hubo testimonios de que habían recibido llamadas de preocupación por parte de familiares que viven en otros estados del país.

La Coordinación Estatal de Protección Civil desmintió enseguida esa alerta y confirmó que como efecto de las ondas del movimiento telúrico podrían registrarse olas de hasta un metro en Cozumel, no más.

Este sábado otro caso fue la noticia que circuló en sus redes un medio local, asegurando que un turista chino de 4 años había fallecido de coronavirus en una clínica privada de Cancún, destino que recibe más de 25 millones de viajeros cada año en su aeropuerto internacional. De la misma forma las autoridades estatales, en este caso de Salud, se apresuraron a desmentir esa información.

“Lo que hemos vivido sirve para que nos demos cuenta del poder que tienen los medios de comunicación, en general, y de los efectos de la palabra en el humano, en particular”, señaló el argentino Camilo Ramírez, administrador de un blog que se dedicó a reunir los efectos en la sociedad, de las noticias que circularon en 2009 sobre la Influenza A H1N1.

“Hubo quien con el sólo hecho de sentarse a ver las noticias, terminaba reportando algún síntoma asociado a la influenza, abrumado por todo lo que se decía. Aquellos que estornudaban se les veía como infestados, portadores de un tremendo mal; se interrumpieron besos, abrazos, saludos, se usaban cubrebocas incluso estando a solas. La gente se vio en la necesidad de recluirse en sus casas, se suspendieron las clases; se cerraron antros, restaurantes, museos, cines, y demás lugares de esparcimiento, no sólo de diversión, sino del virus, antes mal llamado de influenza porcina, hoy Influenza de tipo A H1N1”.

“En este caso de la influenza, lo que debíamos de hacer era tomar ciertas medidas básicas de higiene, que siempre debieran estar presentes y tratar de seguir con las actividades cotidianas”, comentó Camilo Ramírez. Sin embargo, la información no fue en varios casos útil sino generadora de ansiedad y confusión, desencadenando situaciones que llevaron a la crisis económica a varios países, entre ellos México y, particularmente, Quintana Roo.

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