El boxeo mexicano está de luto. Fallece Miguel Ángel Canto Solís a los 78 años de edad. La trayectoria de Canto se distinguió por un dominio técnico poco frecuente en su época. Su estilo, caracterizado por movimientos precisos y una defensa impecable, le permitió posicionarse como uno de los mejores representantes de México en el cuadrilátero.


El maestro Miguel Ángel Canto Solís nació el 30 de enero de 1948 en la ciudad de Mérida, Yucatán, falleció a los 78 años de edad; fue motivo de orgullo para su estado natal y para el país. A lo largo de su carrera, logró consolidarse dentro de la élite del boxeo mundial, ganándose el respeto de críticos y aficionados con cada presentación.
Y es que lo que hizo Miguel Canto como campeón mundial de peso Mosca, reconocido en su tierra en grande, digno de ser de las mayores leyendas del deporte universal.
Defendió con éxito 14 veces su diadema mundial de peso Mosca, de 15 oportunidades que tuvo de hacerlo, en 16 peleas de campeonato.

icónicas y exitosas en la historia del boxeo mexicano y mundial,
consolidando un legado técnico inigualable, principalmente
durante las décadas de 1970 y 1980.
Y, dos décadas después de su retiro, viviendo él apenas con dignidad, y enfermo, fue designado el “Mejor Peso Mosca de la Historia”. Es miembro del Salón de la Fama del Boxeo Mundial en Canastota, Nueva York.
Canto Solís, falleció la mañana del este jueves anterior, en su casa, confirmaron sus familiares. Padecía una enfermedad cronicodegenerativa.
La vida de los campeones mundiales de entonces era totalmente diferente a la que los monarcas viven. Resulta verdaderamente impresionante el sacar conclusiones matemáticas si se piensa en el antes y el después. Antes: 17 peleas titulares en un lapso de cinco años, a un paso de 3.4 por año. Después, una pelea o dos a lo mucho por cada calendario.


Y en su época, de a 15 rounds. Ahora, a 12, y vaya que sufren para alcanzar el límite de cada pelea.
Por eso Canto es leyenda.
Por ello, le llamaron “El Maestro” y lo recuerdan como tal en todo el universo boxístico.
Luego de fracasar en su primer intento por ser campeón (perdió en Maracaibo ante el venezolano Betulio González), Canto viajó a Japón para derrotar en Sendai a la gran figura del imperio del Sol Naciente, Shoji Oguma, el 8 de enero de 1975. Y para nada era el favorito ante la fulgurante y joven maravilla nipona. Una decisión dividida, muy ajustada, según la reseña que UPI hizo de forma especial para el Diario. “Dio una cátedra”, según el cronista.
Yucatán tuvo su primer campeón mundial, guiado por la maestría de su mánager Jesús “Cholain” Rivero. Un monarca que tuvo un reinado que para los rivales parecía eterno, pues nadie podía con él.
Todos fracasaban en la vía larga. Canto, de pegada modesta, era un verdadero estilista del boxeo. Cientos de imágenes consultadas dejan ver la forma en que los rivales buscando conectarle.
En su esplendor Canto Solís afrontó sus peleas con la más alta expresión del boxeo defensivo que se haya visto, entre quienes militan o hayan militado en el peso Mosca. El mundo entero del boxeo conoció la prestancia del Maestro Miguel Canto, quien se agigantaba en cada exposición, proyectando una imagen única.
Canto fue campeón y fue a defender su corona las veces que pudo en las casas de los rivales. Leyendo las reseñas, uno se topa con puntuaciones que distan mucho de lo que ocurrió en el ring, como fue en Japón y también en Venezuela.
Canto fue de otra dimensión, de otra clase.
Nunca le lastimaron en serio, con todo y que las peleas eran largas.
De todas las defensas, 13 terminaron por la vía de los puntos y la única que ganó por nocaut fue sobre Jiro Takada, en el Parque “Carta Clara” de Mérida, convertido en un hervidero con más de 12 mil espectadores.
El Consejo Mundial de Boxeo (CMB) lamenta profundamente el fallecimiento de uno de los más grandes exponentes del boxeo en la historia: Miguel Canto Solís, el legendario “Maestro” de Yucatán.
Miguel Canto no solo fue un boxeador; fue un artista de la defensa, un estratega impecable y el hombre que puso el nombre de México en lo más alto de las categorías pequeñas. Su partida deja un vacío irreparable en el deporte, pero su legado como uno de los campeones más dominantes vivirá por siempre.
Después de varios años de soportar su enfermedad como los grandes guerreros del cuadrilátero, perdió su última batalla. Descanse en paz el gran monarca universal de los pesos pequeños.
