Un nuevo capítulo de la estafa humanitaria comunista se ha escrito en los últimos días en Cuba después de que se diera a conocer que el régimen se robó la leche donada por Uruguay y ahora la revende en dólares en las tiendas controladas por la cúpula castrista.
Apenas unas semanas atrás, el gobierno uruguayo de Yamandú Orsi, en un gesto que muchos calificaron de solidaridad, envió 20 toneladas de leche en polvo a la isla. El cargamento, coordinado con México y transportado desde un puerto azteca, llegó con el supuesto propósito de aliviar el hambre de niños, ancianos y familias que llevan meses sin ver un vaso de leche en sus mesas.
Sin embargo, lo que debería haber sido un acto de generosidad se transformó, una vez más, en un lucrativo botín para los militares que controlan la economía cubana.
Las denuncias no tardaron en llegar y se viralizaron en las redes sociales. Imágenes y testimonios directos de cubanos dentro de la isla muestran cómo esa leche uruguaya, que lleva el sello de Conaprole y fue donada gratis, apareció de repente en las tiendas en divisas controladas por el ejército. Bolsas de 25 kilos se venden a 200 dólares, mientras que las porciones más pequeñas oscilan entre 30 y 100 dólares.
También se han visto en el mercado bolsas de aproximadamente 85 gramos de leche en polvo vendidas en 10 dólares.
Esta situación evidencia una vez más la verdadera naturaleza del régimen de Miguel Díaz-Canel, el cual convierte en negocio hasta la ayuda más elemental destinada a su propio pueblo.
Leche donada por Uruguay revendida es inalcanzable para un cubano de a pie
De igual manera, es importante destacar que los precios en los que está siendo comercializada la leche donada por Uruguay son inalcanzables para un cubano de a pie, tomando en cuenta que el salario promedio actualmente en la isla ronda los 14 dólares mensuales. Es decir, un trabajador común necesitaría más de un año entero de su sueldo solo para comprar una bolsa grande de esa leche que le enviaron “de regalo”.
Mientras tanto, las familias humildes siguen racionando un producto que desapareció de la libreta de abastecimiento hace años, y los niños ven cómo su única fuente de calcio se convierte en un lujo reservado para quienes reciben remesas del exterior o pertenecen al círculo de poder.
Robar y revender las ayudas: un patrón repetitivo del castrismo
Cabe mencionar que este no es un incidente aislado, sino un patrón criminal que los comunistas cubanos repiten con vergonzosa constancia. Desde hace décadas, cada vez que un país, sea de izquierda o por solidaridad, envía ayuda humanitaria, el régimen la desvía sistemáticamente hacia los almacenes militares y las tiendas controladas por GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas del castrismo.

La leche, el arroz, los medicamentos, los generadores eléctricos o el combustible: todo termina en las mismas estanterías donde se vende en dólares a precios especulativos. El pueblo, el destinatario teórico de esa solidaridad, queda excluido por completo.
