La esperada reinauguración del Estadio Banorte en la Ciudad de México, con el partido entre México y Portugal, se convirtió en un verdadero caos. Desde temprano, los aficionados enfrentaron bloqueos y manifestaciones que complicaron el acceso al estadio. La tensión se sentía en el aire, y lo que debía ser una celebración se transformó en un escenario de desorden y frustración.
Los problemas comenzaron con el transporte. Los autobuses que debían trasladar a los aficionados desde el Auditorio Nacional avanzaban con lentitud. Solo tres unidades fueron programadas, según denuncias en redes sociales. La situación empeoró cuando manifestantes retuvieron los autobuses en Six Flags, lanzando huevos a los vehículos y aumentando la tensión entre los asistentes.
El incidente más trágico de la noche fue la muerte de un aficionado en el área de palcos del estadio. Según la Secretaría de Seguridad Ciudadana, el joven, en estado de ebriedad, intentó descender entre niveles y cayó al vacío. A pesar de recibir atención médica inmediata, no sobrevivió. Este lamentable suceso dejó una marca imborrable en la noche que debía ser de fiesta.
Las manifestaciones no solo afectaron el transporte. En Periférico Sur, a la altura de la ENAH, manifestantes bloquearon los carriles centrales, impidiendo el paso de vehículos hacia el estadio. Las consignas exigían vivienda digna y rechazaban la gentrificación, convirtiendo el evento deportivo en un reflejo del malestar social que se vive en la capital.
El caos no se limitó a las calles. Comerciantes informales en Calzada de Tlalpan y Luis Murillo se vieron obligados a cerrar sus puestos. Según los testimonios, el Gobierno de la Ciudad les prohibió vender, afectando a cerca de 30 comerciantes que esperaban aprovechar la afluencia del partido. La frustración era palpable entre quienes vieron truncadas sus oportunidades económicas.
En medio de este desorden, la Secretaría de Seguridad Ciudadana implementó el “Operativo Estadio Seguro”, deteniendo a tres hombres por reventa de boletos. Sin embargo, la desorganización y el ambiente de conflicto prevalecieron, empañando lo que debía ser un evento de relanzamiento y modernidad para el Estadio Banorte.
